sábado, 19 de diciembre de 2015

De nostalgia y Grinchs navideños

Por lo general, para mí diciembre no es más que un mes más, aunque no significa que me desagraden las fechas. No salimos mucho en la casa, no viajamos, y difícilmente compramos cosas. Los días importantes en este mes los tomamos más para reunirnos a conversar cosas hasta que se hace tarde, y el 31 suele terminar con una corta oración que hace mamá minutos antes de culminar el año (y todos participamos en ella). Este año ha sido un poco diferente la cosa, pues ya estoy trabajando, y significa que puedo darme algunos gustos. Y la verdad, lo que se me ocurrió fue más bien extraño.

Estaba comprando un paquete de Chocolatinas Jet para llevar a la casa, cuando descubrí una especie de promoción limitada: peluches acompañados por sorpresas de Jet. Vi principalmente muñecos de nieve, y también un pingüino. Y no lo sé, pero mientras los observaba me entró un ataque de risa, una risa más bien nostálgica. Unos días después, compré un muñeco de nieve. Las sorpresas se las dejé a la familia, con excepción de dos Jet Burbujas que rara vez veo en las tiendas, y que me comí de inmediato.

Permítanme explicar qué pasó. Como la situación económica en la casa no siempre era estable, no era frecuente que compráramos regalos en Navidad, o en cualquier época del año. Recuerdo especialmente mi auto plástico grande, Street Crusher, y dos robots a los que mi hermana llamó Colada y Tizona. Particularmente, peluches habían muchos en la casa, ya sea por mi hermana, o por herencia de mi hermano mayor, que también me había dejado muchos juguetes diversos, guardados la mayoría en un tanque marrón, además de Julio, su perro de peluche (un perro bastante descarado y grosero). Y quizás fue eso: ver a esos peluches de Jet me despertó un sentimiento de nostalgia por esa niñez, que hace mucho tiempo no sentía.


Todo esto lo menciono por una razón. Mientras estaba cavilando sobre comprar o no el muñeco de nieve, me vino a la cabeza que hay muchas personas que detestan las fechas por tal o cual razón. Claro, no me refiero a todos esos “rebeldes” navideños que de repente hay en Facebook, sino a muchas personas que, tal como el bien conocido Grinch del Dr. Seuss, odian la Navidad porque representa algo que ellos repudian. Pueden verlos en la siguiente caricatura:


De los que representan en Pictoline, creo que podemos sacar al Grinch tacaño, al Eco-Grinch y al Grinch Grinch, pues son los de pretextos más pendejos. El primero detesta la Navidad porque no le gusta pagar mucho por las cosas que suben durante el mes, y aunque aquí podríamos citar a familias de bajos recursos, la falta de ellos no puede ser realmente una razón seria para detestar una celebración. No conozco al Eco-Grinch, y sospecho que es sólo una caricatura de los hippies buenrollistas y ambientalistas apendejados que ves en todas partes, especialmente porque en nuestra región los árboles, si los hay, son casi siempre artificiales. El último, por supuesto, es una representación de todos esos Grinchs que el lector ve en Facebook, que odian la Navidad porque en los últimos años detestarla es la tendencia. Este se encuentra relacionado con dos de los Grinchs que citaré a continuación.

En fin, que los Grinchs de los que voy a hablar son tres: el cristiano, el de reunión familiar y el anti-capitalismo.

El Grinch cristiano es ese que siempre hace mala cara porque no soporta la “banalización” de una festividad que originalmente estaba consagrada para celebrar el nacimiento de Jesucristo. Parece que fuera simplemente un mamón inofensivo, pero les pondré un ejemplo para que vean que no es así: hace unos meses hubo una polémica en Estados Unidos porque Starbucks sacó una línea de vasos navideños, cosa que hace todos los años, cambiando el diseño, y esta vez el diseño fue un simple vaso rojo, sin otro diseño. Como resultado, un evangelizador publicó un video latigueando verbalmente a la empresa, ya que supuestamente estaban negando a Jesús al no poner símbolos de la Navidad en sus vasos. Pronto se le unieron otros al asunto. ¿Quién puede defender que esos pastores loquitos no afectan a nadie?


Amigo lector, si es usted un Grinch cristiano que piensa que los demás deberían respetar lo que esta fecha significa para usted, y por “respetar” quiero decir seguir los mismos ritos que usted, bájese de ese caballo. Primero, son sus creencias, no las de los demás, y no puede imponérselas a nadie porque las creencias no se respetan. Segundo, la Navidad es una de tantas fechas importantes para los pueblos paganos que fueron secuestradas y maquilladas por el cristianismo para hacerlos pasar como un evento cristiano y así atraer más fieles, así que no representa una fecha real del nacimiento de Jesús, como tampoco es cristiana la simbología asociada a él, por mucho que los que criticaron a Starbucks y cierto actor mediocre crean lo contrario. Siendo justos, si realmente existió Jesús, y su nacimiento fue tal como lo describen en la Biblia, habría sido dado a luz probablemente en la primavera, puesto que diciembre es un mes muy frío en Medio Oriente, y nadie habría soportado una noche afuera, en un pesebre, mucho menos un bebé, por milagroso que fuera.

Tercero, tal como he dicho en otras ocasiones, la Navidad ya es una festividad bastante secular, como lo son muchos de sus símbolos. Sé que eso le molesta, querido lector, pero tiene que comprender que las creencias religiosas pertenecen a su ámbito personal, y las empresas y supermercados no tienen obligación de ajustarse a ello. Quizás es más chocante para los latinoamericanos, ya que nuestra Navidad es aún muy católica, a diferencia de países como Estados Unidos, donde la mayoría son protestantes, y por tanto sus fiestas son menos ritualistas; sin embargo, que a usted le parezca incómodo no es carta blanca para detestar la fiesta. Nadie le impide celebrarla rindiendo culto a Jesús en su casa.

Vayamos ahora con el Grinch de las reuniones familiares. Ksss… Este tiene razones igualmente personales, y quizás más profundas y válidas, que el cristiano. Como muchos lectores sabrán, hay muchas familias que suelen reunirse únicamente a fin de año, entre tíos, primos, sobrinos, etc. En no pocos casos, dichos familiares no vuelven a contactarse el resto del año, y no es infrecuente que algunos de ellos no se lleven precisamente bien. Entonces, algún miembro de la familia, particularmente uno joven, termina convirtiéndose en un Grinch, precisamente porque ve todos estos actos como una farsa bastante hipócrita: la familia jamás se lleva bien, excepto en Navidad. Curiosamente, este Grinch no suele ser tan evidente, al menos socialmente, como el cristiano.

El caso del Grinch de las reuniones familiares es un poco más espinoso, pues creo que sería difícil decir que está equivocado al pensar así. Después de todo, la Navidad tiende a convertirse en una fachada para muchas personas que pretenden llevarse bien con sus semejantes. No obstante, este Grinch debe considerar que no siempre se trata de hipocresía, y que hay familias que en verdad tratan de enmendar las cosas entre sí. Por supuesto, esto no es una tarea que pueda realizarse de la noche a la mañana, y de seguro que no es algo que pueda resolverse con una simple reunión navideña. Pero por algo se empieza.

Y claro, también están aquellos que no buscan precisamente enmendar las cosas con sus parientes, pero que a pesar de ello intentan dejar las diferencias de lado durante las fiestas de fin de año. Esto no es tanto hipocresía, sino más bien una forma de cortesía, de mostrar que a pesar de todo, se necesita reconocer que son parientes, y no pueden someter a alguien al desprecio todo el tiempo. Es posible que dicha cortesía se transforme progresivamente en un deseo sincero de mejorar las relaciones familiares. Así que, amigo lector, si usted de los que detesta la Navidad porque le parece que es sólo una fecha en la que su familia se pone la careta de llevarse bien, piense mejor que usted podría ser el primero en quitar la máscara de todos, e intentar que el cambio en sus parientes sea real y permanente.

Finalmente nos topamos con el Grinch anticapitalista. Este no necesita mucha presentación, pues lo vemos todo el tiempo en las redes sociales, haciendo gala desvergonzada de su mamertismo. Básicamente, es ese que se la pasa escupiendo que Papá Noel es un invento de Coca-Cola Company, que la Navidad sólo es un producto comercial, que Estados Unidos intenta dominarnos culturalmente a través de esto, y que todos son borregos por salir a comprar cosas que no necesitan para demostrarse cariño a través de regalos. Es ese que cree que la Navidad se ha vuelto demasiado materialista. A menudo está fusionado con el Grinch cristiano; es decir, cree que el consumismo de fin de año ha alejado a la gente del espíritu religioso de la verdadera Navidad.

Este Grinch es probablemente el más común de todos, y sin duda el más molesto, pues no sólo le fastidia la Navidad, sino que al llamar borregos y materialistas a los demás, pretende que al resto de la humanidad le fastidie también. Curiosamente, es quizás el que posee los argumentos más endebles para sostener sus pendejadas. Es cierto, sí, que Papá Noel ha sido usado por algunos con fines consumistas; no obstante, eso es problema de las empresas, y no del personaje en sí. En cuanto al hecho de que la Navidad se ha hecho muy consumista, creo que la pregunta sería: ¿y? Eso no es un problema tan grave, pues resulta un estímulo para la economía. Se hace malo cuando las personas dejan de ver los regalos como algo adicional a las muestras de afecto en estas fechas, y convierten los regalos en las muestras de afecto. El problema, pues, no sería tanto que la gente compre los regalos, sino que base su cariño en aspectos materialistas, y por tanto termine gastando dinero que no tiene en productos estrambóticos, como si la vistosidad fuera proporcional al afecto.

Esto en realidad es fácil de evitar, y depende como siempre de la educación que los padres impartan a sus hijos. Dudo seriamente que la comercialidad de la Navidad sea un adoctrinamiento imperial a los niños; si así fuera, el Grinch anticapitalista debería ser un cretino neoliberal, pues él también se vio expuesto a la Navidad de pequeño, y les aseguro que si vemos con detenimiento sus ideales, es todo lo contrario. Sin rodeos, si realmente la Navidad dañara de tal forma la mente infantil, con seguridad no existirían los Grinchs anticapitalistas. ¿O acaso pensarán que son especialmente privilegiados mentalmente?

Así que si usted, amigo lector, es de esos que creen que la Navidad es sólo un invento consumista que daña la forma en que las personas se relacionan, le diré que simplemente se deje de bobadas y comprenda que hace falta mucho más que una festividad para volver materialista y simple a las personas. Como siempre, la educación comienza en casa.

Y bien, con esto concluyo mis reflexiones al respecto. Si alguno de los lectores se encuentra en desacuerdo, lo invito como siempre a reflexionar. Si usted detesta la Navidad, y siente que es una época en que las personas se comportan de forma, cuando menos, extraña, tome esos mensajes que ponen a la Navidad como una época de cambio, y empiece por cambiar usted.

Y para los que se están preguntando si al final compré el muñeco de nieve, aquí está la respuesta:

6 comentarios:

  1. Hola de nuevo pensador:
    Con respecto a lo del grinch anticapitalista y al ecogrinch (que hoy día serian mas o menos el mismo) son molestos, eso si, algunas cosas que dice son muy comprensibles. Aunque a mi no me molesta para nada que la gente se de regalos, lo consternante comprar cosas con dinero que no se tiene (casi transformandose en una obligacion) para satisfacer una tradicion, chantaje, berrinche, capricho o querella (aun si hay dificultades y carencias en el hogar).

    Ademas que si uno compra algo, que tenga la madurez para darle algun uso o aprovechamiento y que no a los tres dias termine en un rincon acumulando polvo (y en ocasiones moho y oxido)y es que algo mucho mas consternante es que se le regalen mascotas a los niños, ya que a cierta edad no tienen la madurez, nocion de responsabilidad y/o tacto y ni los cuidan, ni los educan, ni les dedican tiempo y si crecen y ya no les parecen "tiernos y adorables" o si hacen alguna gracia consecuencia de no haberlo educado, lo abandonan o sacrifican, pues asi usted no sea animalista, los que hacen cosas de esta se pasan de cretinos que no entienden que un animal ES UN SER VIVO (enfasis) pues un objeto solo se pudre en un rincon pero una mascota hay que alimentarla, educarla, limpiarla y dedicarle asi sea solo 5 minutos al dia. Lo ideal seria que a los niños pequeños o faltos de madurez no les regalaran mascotas y que estas no se les considerara "regalos"

    Y para complementar: que los chinos caprichosos y berrinchudos se les enseñe a trabajar y que aprendan de niños que tienen pocos (o ningun) juguete y que a pesar de eso, son felices. Y que a estos primeros se les eduque con meritocracia. Perdon si soné algo mojigato en esto ultimo

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    1. Sí, yo también comprendo esa visión del anticapitalista, y es de hecho uno de los problemas que suelen tener algunas familias pobres en esta época, y precisamente lo menciono cuando hablo de cómo se confunde intención con ostentosidad del regalo.

      Estoy de acuerdo con lo de las mascotas, y yo no le regalaría ni una hormiga a un niño. Pero, eso no tiene que ver con un eco-grinch, y no es parte de la discusión. Eco-grinch es el que se queja porque se corten pinos para Navidad, o que si se come pavo o se cocina lechona uno ya es una especie de Jeffrey Dahmer. Como sabrás, no es la clase de gente con la que uno pueda debatir, porque nunca piensan con el cerebro, sino con las vísceras. Tienen argumentos importantes, sí, como el tema de los pinos, que es una discusión semejante al caso de la palma de cera (aunque aquí no recurrimos mucho a ellos, y casi siempre son sintéticos), pero nunca saben expresarlos sin denigrar moralmente a los que no comparten sus ideas.

      Lo último... No tanto trabajar, sino que simplemente no se les puede dar cada capricho que pidan, por muy bien que se hayan portado (y no me gusta hacer comparación con los niños pobres, porque eso es un tramposo juego emocional). Eso es parte de una sana educación.

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  2. Yo pase por una etapa de Grinch de reuniones familiares. Pero como no era el unico pasaba inadvertido. Hoy en dia no me molesta tanto porque casi ni veo a los parientes por motivos de la vida. Y los que aun veo, pues diplomacia, tampoco los veo siempre y ademas ¿que ganas amargandote de esa manera? Solo profundizas las heridas. A veces no se pueden reparar las ofensas pero en cambio podemos evitar profundizarlas. En fin. Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.

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    1. También sé lo que es eso. Los parientes son muy complicados, pero ya he aprendido a no hacerme mala sangre con eso.

      Feliz Navidad y feliz Año Nuevo igualmente :)

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